lunes, 29 de octubre de 2012

Taller de autor: Marta Leonor González

El otro día 24 de octubre nos visitó la poeta nicaragüense Marta Leonor González (aquí podéis consultar su biografía), en la charla lo que intentó fue hacernos ver qué es lo que significa para ella la poesía, y es que para ella la poesía puede resumirse en una sóla palabra: libertad.

El género de la poesía le abre las puertas para poder expresar todo lo que pasa por su mente sin censura, sin ningún tipo de reparo en decir esto o aquello. La clave para escribir poesía es observar, observar cada gesto, cada palabra, cada cosa que pasa a nuestro alrededor, nunca sabemos que es lo que puede llegar a inspirarnos y por ello tenemos la obligación de fijarnos contínuamente en todo. El problema de esto es que, según ella, lo que no se sale de lo normal, lo cotidiano, no nos parece bello, es por eso que hay que intentar mirar más allá. Para esclarecernos qué es la poesía nos mostró un video (podéis verlo aquí) en el que aparecen reflexiones sobre la poesía escritas por grandes poetas de diversas épocas y lugares.

En definitiva, la poesía, en palabras de Marta Leonor, es la puerta a la imaginación, es un género que nos permite hablar sobre cualquier tema, circunstancia o pensamiento, un buen ejemplo de ello es Pablo Neruda que escribió una Oda a los calcetines.

Para finalizar os dejo un poema de Marta Leonor González, se titula "No está":

Qué de mí
si en mi cama se extiende
enrollada en mi cuello
absorta de delirios
con sus esmeraldas me mira.
No es el ungido escorpión
en el lecho entre horas,
no está. Se retuerce
me ataca con el flagelo
de su cola.
Escamosa va
repta, serpentea
fluctúa en serpentín
y en retroceso arremete
en azotaína con artilugios y añagaza.

lunes, 15 de octubre de 2012

El frío del recuerdo


El viento soplaba frío aquella mañana. Los coches se arremolinaban unos detrás de otros al igual que sus pensamientos. Ella, sentada en la parada del bus, se había levantado aturdida por el recuerdo de él. Lo echaba tanto de menos. Sentía frío. Él ya no estaba, se había ido. El ir y venir de los transeúntes la dejaba con una sensación de desamparo que pocas veces había reconocido en ella. Esta vez no era como otras veces, era demasiado fuerte. No podía quitárselo de la cabeza, había sido tan rápido... Los pensamientos de dolor por la pérdida se agolpaban como se agolpan los pasajeros al salir del metro.
De repente, una fuerza salió de su interior, miró al cielo y vio como las palomas se posaban en las ventanas de los edificios colindantes a la calle.¡Eran tan libres y parecían tan tranquilas! Se quedo largo tiempo observándolas, hasta que el autobús llegó. Decidida a cambiar de actitud se montó en él. El autocar sorteaba los coches haciéndose hueco por la carretera. Un sonido la sacó de sus pensamientos. El móvil se había encendido y la luz  que notificaba la llegada de un nuevo mensaje la hizo presagiar lo que vendría después. Tomó la decisión de no abrirlo, sabía que era él. No estaba preparada.
Volvieron los fantasmas con el mensaje.
Pasó el día triste, melancólica. Se prometió a sí misma que hasta que no llegase a casa no abriría el mensaje que él le había mandado.
Abrió la puerta y se acurrucó en el sofá dispuesta  a leer el mensaje que dictaba lo siguiente:
"Hola, se que probablemente no quieras verme, pero no quiero que esto acabe. Quiero que todo vuelva a ser como antes. Quiero perderme en ti. Quiero  volver. Te quiero"
Los últimos rayos de sol abandonaban el salón al mismo tiempo que una lágrima de felicidad brotaba de sus ojos. Había vuelto. Un calor comenzó a apoderarse de su cuerpo. Ya no había más frío.

Lluvia de sangre (Página automática)

La bombilla de la habitación tiritaba. En el fondo de ella se podía entrever el vuelo de la cortina que se movía de un lado a otro mecida por el viento que soplaba del exterior. La madera del suelo crujía. El resonar de gotas de lluvia hacía que la habitación se estremeciese.
La luz se apagó. Silencio.
Las gotas continuaban cayendo cada vez más y más fuerte. La cortina elevaba su vuelo hasta chocar con el techo. En el cristal de la puerta se comenzaba a vislumbrar una silueta de dos personas, caminaban en silencio.La quietud del local sólo era rota por la lluvia del exterior junto con las goteras que nacían del techo expulsando con solemnidad los restos de agua que se habían colado por el tejado. El suelo estaba encharcado, los pasos sonaban vacilantes, como con temor a lo que hubiese dentro de la habitación. De repente los pasos se pararon y un profundo silencio inundó la estancia. Una mano se acercaba al pomo de la puerta, primero titubeando, después cogiéndolo con firmeza. El pomo gira y el crujir de la puerta hace estremecer a los visitantes. La respiración comienza a acelerarse.Un olor a amoniaco se desprendía de la habitación y empapaba las fosas nasales de los invitados. Uno de ellos levanta la vista para observar el interior del cuarto, el relampagueo de la bombilla le permitió ver una bañera. Se da la vuelta, mira a su compañero y le dice:
-Aquí está.
El suelo parecía rojizo. Poco a poco, calculando cada paso, se acerca a la bañera e introduce su mano. Estaba llena. No era agua, era más espeso...era sangre...

miércoles, 3 de octubre de 2012

El dólar del sexo (Cartas Oh)

El miedo le atormentaba en la silenciosa habitación.
Fajos de billetes volaban como plumas arrastrándose de un lado a otro para después dejarse caer sobre el frío suelo. Ya no estaba. Podía sentirlo. Se había ido.
Las pasos de ella aún resonaban en su mente, mientras, tranquilos, sin paso vacilante, se dirigían a abandonar el edificio. Cada crujir en el suelo resonaba en su mente y en su corazón resquebrajándolos. Decidió que no volvería a contratarla más. Mientras él le estaba entregando todo su amor, ella se limitaba a tenderle la mano sólo para coger su dinero. La amaba, la amaba tanto...
Silencio. Los tacones dejaron de sonar y el miedo volvió de nuevo a ocupar su mente. Ahora se encontraba solo, abandonado  con lágrimas en los ojos, sentado de rodillas en el tálamo deshecho, tras haber degustado los delirios del sexo con la mujer a la que amaba.
Se secó las lágrimas, sacó fuerzas de lo más profundo de su ser y se marchó en busca de poder conseguir algún retazo de ella, algo suyo, ¡lo que daría por algo suyo!.
Al salir a la calle, pequeñas gotas de agua comenzaban a caer sobre su rostro confundiéndose con las últimas lágrimas que aún bañaban sus ojos. Hacía frío. Dobló la esquina y un niño se le acercó con un billete en la mano.
- Me lo ha dado esa señora para ti - Dijo con voz inocente- Toma.
Miró hacia donde estaba señalando el niño y allí estaba ella, sonriendo de forma pícara. No pasaron ni dos segundos y se dio la vuelta para desaparecer entre la multitud de la gente.
Él, aturdido por la situación, se dispuso a mirar con rápidez el billete, habñia una dirección y un número de teléfono, dio la vuelta al billete y emborronado por las gotas de lluvia pudo leer:
"Yo también"