viernes, 19 de abril de 2013

El silencio del tiempo


El tiempo meditaba en los rincones, conforme avanzaba se consumía. No podía parar, la cuenta atrás resonaba en las paredes mientras ella continuaba quieto, parado, atento, observando la cenefa que cubría la estancia desierta.
Padecía de logros. Padecía de silencio. Se retorcía en la más absoluta nada y se encontraba dispuesto a todo. Decidido, se levantó y comenzó a chillar, no aguantaba más. Tanto tiempo desperdiciado. Le parecía horrible lo que había hecho hasta ahora: nada. Se había paseado hasta ahora en una larga lista de placeres que no recordaba por la vaga importancia que tenían. Se lamentaba de todo lo que se había perdido. Nadie recuerda ya ese tiempo...
A menudo se preguntaba cómo era posible que unos segundos fuesen tan importantes y otros quedasen en el más profundo silencio de su mente. ¿Quién dotaba de sentido a esos momentos " importantes"? ¿Las personas, el sitio donde habían ocurrido, él mismo? ¿Quién decide que recuerdos tenemos de nuestra vida? Cansado de la perturbación que le producían estas preguntas, volvió a recostarse en el suelo. Quieta. Tranquila. Con cuidado de no herirse.

martes, 26 de marzo de 2013

Hovik: el boxeador de palabras

Recomiendo encarecidamente leer (o ver) a Hovik, un ex-boxeador con pinta de tarado como él a sí mismo se denomina y que la contundencia con la que expresa a su yo más interno conmueve. Os dejo con un fragmento de su obra "Lokura":
 Sabría.
 "Conocería tu ausencia. Estuviste nunca, siempre faltaste. Es tu ausencia lo que siento, lo que he aprendido, lo que sin querer me has enseñado. Es por eso, por lo que cuando te veo, sé que eres tú. Porque mi vacío se tapa y no deseo escribir mis lloros. Porque reconozco el sabor de la nostalgia en el instante inmediato a tu marcha. Por eso sé que eres tú. Soporto. Quiero no tener, poseer no quiero, quiero no querer, no tener la propiedad de nada, la dependencia de nada. No soporto, me vulnera, me ahoga, me destruye imaginarte, y en contra de mi voluntad me rompo. Por eso sé que eres tú. Porque ahora mismo, escribiendo esto, me veo leyéndote, y cada vez que levanto los ojos del papel es tu cara lo que veo. Y sé, que si, tan solo un instante, me permitieras hablarte al oído, bajito, más antes que tarde, cerrarías los ojos, para que el agua de mis lágrimas diera paso a la verdad. Por eso sé que eres tú. Estoy sentado, al final del camino, cansado, con los pies colgados sobre el infinito como un niño sobre un viejo puente viendo pasar el río. Sin pensar en nada. Y aun así te extraño. Preguntándome que harás ahora. Preguntándome si he de buscarte, si he de esperar, si he de rendirme. Por eso sé que eres tú, y porque sé que eres tú, te diré tu nombre... se siente y no se puede tocar."
Si os ha gustado y queréis leer más:
http://www.hovik.es/lokura.pdf

Y aquí os dejo un monólogo suyo, los primeros dos minutos y medio son increíbles:

Espero que os haya gustado =)

miércoles, 9 de enero de 2013

Trabajo final



- Deberás tener cuidado con la información que te acabo de dar. Realiza tu trabajo con profesionalidad y todo irá bien.

- De acuerdo, no debe preocuparse.

- Recibirá su contrato en su domicilio, deberá firmarlo y traerlo aquí personalmente

Marc cerró la puerta tras de sí dejando a la imponente directora atrás. Salió a la calle. El frío se colaba por todos los agujeros que tenía su viejo abrigo. No entendía porque le habían elegido a él. No se creía capacitado para dirigir a un grupo de cinco personas y mucho menos estaba preparado para llevar tan encomiable tarea a cabo.

En el camino de vuelta a casa imaginó los posibles desenlaces que podría tener el trabajo. Abrió la puerta de su casa y cansado de la presión que había soportado en la reunión se recostó en la cama, intentando dejar a un lado los pensamientos que le atormentaban a sabiendas de que no tenía sentido, aunque ya había aceptado.

El timbre sonó en sus oídos sacándole de su sopor. Medio dormido se aproximó a la puerta, miró por la mirilla y pudo visualizar a un hombre de mediana edad, vestido de traje que portaba una carpeta bajo el brazo. Era ya tarde, las once de la noche, no eran horas de llamar a casa de nadie. Finalmente movido por la curiosidad decidió abrir la puerta.

- Hola, ¿es usted Marc?

- Sí, así es.

- Aquí tiene -dijo el extraño hombre mientras le entregaba la carpeta- tiene cinco minutos para leerlo todo, firmarlo y entregármelo.

Los ojos de Marc se abrieron mucho debido a la sorpresa que le produjeron las órdenes de este extraño. Sin dejarlo entrar a su casa, revisó los papeles y se dio cuenta de que se trataba de un contrato, leyó todo de forma muy rápida, le sorprendió el sueldo que iba a cobrar por el trabajo, sesenta mil euros por mes trabajado con todos los gastos pagados y todas las facilidades para poder realizar el trabajo con solvencia. Hubo un detalle que le causó un poco de duda, el contrato era de sólo de tres meses. Ahora entendía porque tenía tantas facilidades y recibía todo ese dinero. Leyó párrafo por párrafo del contrato y la única cláusula que encontró era que tenía que terminar el trabajo antes de los tres meses. Una vez leído por completo firmó al final del documento y se lo entregó al hombre que había estado esperando pacientemente. Confirmó que había firmado y seguidamente le señaló una columna de cajas apiladas que había a la vuelta de la puerta de su casa.

- Le hará falta esto, en la primera caja hay una carpeta en la que se encuentra toda la información de sus ayudantes, como contactar con ellos y fotos de ellos. Debe saber que toda esta información es confidencial y nadie, excepto usted, podrá conocer la información que contienen estos documentos. ¿Está usted de acuerdo verdad? – dijo el hombre mientras clavaba la mirada en Marc.

- Sí, por supuesto.

Dicho esto, el hombre le ayudó a meter las cajas en su apartamento y para cuando Marc se quiso dar cuenta ya había desaparecido.

A pesar de lo cansado que estaba, tantos sobresaltos le habían quitado el sueño y ahora sentía curiosidad por quiénes iban a ser sus ayudantes. Abrió la primera caja. Nada más abrirla pudo ver una carpeta marrón en la que podía leerse tres siglas: C.A.R.

Marc no tenía ni idea de lo que podían significar esas siglas. Cada vez estaba más desilusionado con la tarea que le habían encomendado. Abrió la carpeta y observó a los que iban a ser sus ayudantes, un informático, un guardaespaldas y otros tres que iban a realizar las tareas de investigación. En todas las descripciones se detallaban todos los estudios académicos, trabajos y un largo etcétera de cosas que a él personalmente no le importaban lo más mínimo, aun así leyó todo lo que había en la carpeta. Y dispuesto a comenzar la investigación abría las demás cajas, y llenó toda la sala de montañas de papeles, estaba todo sin clasificar, a las siete de la mañana se puso en contacto con todos sus ayudantes para mantener una entrevista con ellos y ver que habilidades tenían y que podían hacer.

A las diez de la mañana llegó el primero de ellos, se llamaba Anthony, era el informático.

Se trataba un hombre bajo y de una delgadez casi extrema, debía medir 1’65, llevaba unas gafas redondas y grises desgastadas por el paso del tiempo, tenía bastantes arrugas en la zona de los ojos y unas ojeras que le delataban como alguien que pasaba largas horas despierto por la noche. Era todo lo que se podía esperar de un informático.

- Buenos días – dijo tímidamente Anthony después de que Marc abriese la puerta.

- Hola, ¿tú eres Anthony?

- Sí, así es.

- ¿Podrías enseñarme tu identificación?- dijo Marc con tono serio y decidido.

Anthony sacó del bolsillo trasero del pantalón una cartera de cuero marrón corroída y sucia, la abrió y le enseñó su tarjeta de identificación.

- Está bien, pasa.

Le condujo por el pasillo hasta la sala de estar, de esta forma, pensó, evitaría que pudiese ver el caos que reinaba en el salón y así también protegería la información a la que sólo él tenía acceso. Una vez ya en la habitación, le pidió que tomase asiento y le ofreció un café que Anthony rechazó.

- He leído tu expediente, aun así me gustaría conocer cuáles son tus habilidades, quiero decir, ¿cuáles son tus límites?

- En lo que se refiere al campo de la informática, no tengo límites, soy capaz de hacer cualquier cosa, desde acceder a cualquier correo electrónico, hackear cuentas bancarias, blindar documentos confidenciales o poner en jaque la seguridad de cualquier organismo internacional, por grande que sea.

- Muy bien, veo que eres todo un experto. Me gustaría ponerte a prueba para saber si lo que dices es cierto. Voy a darte mi nombre y apellidos, sólo eso, tienes 24 horas para transferir mil euros de una de mis cuentas a otra, cualquiera que sea, es indiferente. Mañana a la misma hora te espero aquí y comprobaremos si lo has conseguido.

A Marc esta tarea se le antojaba imposible, no terminaba de creerse que un informático pudiese saltarse todos los mecanismos de seguridad de un banco y poder hacer y deshacer a su capricho con total libertad movimientos entre cuentas. Finalmente se despidió de él y esperó al día siguiente para volver a tener contacto con él.

La siguiente cita fue con las tres personas que iban a llevar a cabo las tareas de investigación, ellos formarían el corazón del equipo y en gran parte de ellos dependía que el trabajo saliese bien. Puntuales, a las doce de la mañana llamaron al timbre, al igual que con Anthony, Marc pidió la identificación a cada uno de ellos y les condujo al salón. Allí con los papeles de sus descripciones en la mano comenzó la entrevista conjunta.

Lisa, la primera en acceder a la sala de estar, era una mujer de unos treinta y dos años, morena, de ojos claros, a Marc le intimidó su mirada, sentía que si le miraba más de dos segundos a los ojos, Lisa podría enterarse de sus secretos más ocultos.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Pie forzado (Frío del recuerdo)

La técnica del pie forzado* consiste en lo siguiente:

"Pasatiempo de salón que estuvo de moda durante los siglos XVII y XVIII y en el que el poeta tenía que ajustarse a una rima prefijada, a veces extravagante, para componer un poema de tema libre o también prefijado"

*En este caso será al contrario se incluirá una frase en un texto ya hecho.
El texto donde voy a aplicar esta técnica es el siguiente:

Frío del recuerdo 

.El viento soplaba frío aquella mañana. Los coches se arremolinaban unos detrás de otros al igual que sus pensamientos. Ella, sentada en la parada del bus, se había levantado aturdida por el recuerdo de él. Lo echaba tanto de menos. Sentía frío. Él ya no estaba, se había ido. Pensaba en lo que un día le dijo una persona a la que tenía mucho aprecio, su abuela: lo difícil no es vivir con las personas, lo difícil es comprenderlas. Y es que no comprendía ni a él ni por qué se había dado esta situación.
   El ir y venir de los transeúntes la dejaba con una sensación de desamparo que pocas veces había reconocido en ella. Esta vez no era como otras veces, era demasiado fuerte. No podía quitárselo de la cabeza, había sido tan rápido... Los pensamientos de dolor por la pérdida se agolpaban como se agolpan los pasajeros al salir del metro.
De repente, una fuerza salió de su interior, miró al cielo y vio como las palomas se posaban en las ventanas de los edificios colindantes a la calle.¡Eran tan libres y parecían tan tranquilas! Se quedo largo tiempo observándolas, hasta que el autobús llegó. Decidida a cambiar de actitud se montó en él. El autocar sorteaba los coches haciéndose hueco por la carretera. Un sonido la sacó de sus pensamientos. El móvil se había encendido y la luz  que notificaba la llegada de un nuevo mensaje la hizo presagiar lo que vendría después. Tomó la decisión de no abrirlo, sabía que era él. No estaba preparada.
Volvieron los fantasmas con el mensaje.
Pasó el día triste, melancólica. Se prometió a sí misma que hasta que no llegase a casa no abriría el mensaje que él le había mandado.
Abrió la puerta y se acurrucó en el sofá dispuesta  a leer el mensaje que dictaba lo siguiente:
"Hola, se que probablemente no quieras verme, pero no quiero que esto acabe. Quiero que todo vuelva a ser como antes. Quiero perderme en ti. Quiero  volver. Te quiero"
Los últimos rayos de sol abandonaban el salón al mismo tiempo que una lágrima de felicidad brotaba de sus ojos. Había vuelto. Un calor comenzó a apoderarse de su cuerpo. Ya no había más frío.

La frase resaltada en negrita pertenece a Ensayo sobre la ceguera de José Saramago (1995)

martes, 6 de noviembre de 2012

Taller de autor

El pasado miércoles 31 de octubre la poeta Juana Castro visitó la Universidad de Alcalá. Os dejo un enlace a su página web, en la que podéis ver su biografía, obras y todo lo referente a su mundo literario.
En la charla la acompañó la ensayista y también poeta Noni Benegas, que llevó la charla a través de preguntas, como si se tratase de una entrevista. El motivo de la charla fue la presentación de su nueva obra: El peso de la heredad, una antología.
Para comenzar la conferencia Noni hizo una breve introducción, seguidamente Juana Castro nos narró algunas de sus experiencias que le habían llevado a escribir y a terminar donde ha terminado. Lo cual pone de relieve el carácter autobiográfico de sus escritos. Ella misma, como en alguna entrevista he podido constatar se considera una feminista, de hecho afirma, que sería feminista aún sin saber que es lo que significa. En una de sus historias basadas en su experiencia nos contó lo extraño que era que una mujer recibiese una buena educación, cosa en la que su madre insistió mucho; quizás debido a esta situación y el machismo que se respiraba en la época haya hecho que Juana se considere a si misma como una feriente feminista.

En cuanto a su trayectoria cabe destacar que Juana en un primer momento quería escrbir narrativa, sin embargo se decidió por la poesía, debido a, según ella, los efectos terapéuticos que tiene, lo considera una ayuda a su vida en momentos difíciles y afirma que la poesía es la que puede ayudarte a evitar ir al psiquiatra.

La conferencia continuó con preguntas de Noni repasando su trayectoria literaria y personal, que Juana contestaba con gran maestría y sencillez, sin ningún tipo de reparo. Una buena conferencia.

Os dejo con un poema suyo:


De la lonja

No te amaré mañana. He aguardado
tantos días desnuda, con tu nombre
grabado entre las cejas, que olvidé
los inviernos, el azul y las rosas.
Ciertamente, habría de ser negra
la piel negra del perro que amordazó
mis piernas y fue lenta, hacia dentro
vistiendo de parálisis la gallarda
evidencia del hombro. Hoy he visto
que tan sólo milímetros le restan
a los hilos del túnel. Pero existe el remedio:
Mañana, cuando tú te despiertes,
encontrarás el lecho bañado con mi sangre.
Un panal de uñas rotas, y tal vez
una pluma deshojada en la lucha.
No debes sorprenderte. Habré ganado
en el instante último mi guerra.
Con un ala perdida junto al cielo
y la llave morada de los labios, estaré,
torpe y triste, otra vez aprendiendo.
Mas debe ser así, pues que la libertad
hermana es gemela de la muerte.

 





lunes, 29 de octubre de 2012

Taller de autor: Marta Leonor González

El otro día 24 de octubre nos visitó la poeta nicaragüense Marta Leonor González (aquí podéis consultar su biografía), en la charla lo que intentó fue hacernos ver qué es lo que significa para ella la poesía, y es que para ella la poesía puede resumirse en una sóla palabra: libertad.

El género de la poesía le abre las puertas para poder expresar todo lo que pasa por su mente sin censura, sin ningún tipo de reparo en decir esto o aquello. La clave para escribir poesía es observar, observar cada gesto, cada palabra, cada cosa que pasa a nuestro alrededor, nunca sabemos que es lo que puede llegar a inspirarnos y por ello tenemos la obligación de fijarnos contínuamente en todo. El problema de esto es que, según ella, lo que no se sale de lo normal, lo cotidiano, no nos parece bello, es por eso que hay que intentar mirar más allá. Para esclarecernos qué es la poesía nos mostró un video (podéis verlo aquí) en el que aparecen reflexiones sobre la poesía escritas por grandes poetas de diversas épocas y lugares.

En definitiva, la poesía, en palabras de Marta Leonor, es la puerta a la imaginación, es un género que nos permite hablar sobre cualquier tema, circunstancia o pensamiento, un buen ejemplo de ello es Pablo Neruda que escribió una Oda a los calcetines.

Para finalizar os dejo un poema de Marta Leonor González, se titula "No está":

Qué de mí
si en mi cama se extiende
enrollada en mi cuello
absorta de delirios
con sus esmeraldas me mira.
No es el ungido escorpión
en el lecho entre horas,
no está. Se retuerce
me ataca con el flagelo
de su cola.
Escamosa va
repta, serpentea
fluctúa en serpentín
y en retroceso arremete
en azotaína con artilugios y añagaza.

lunes, 15 de octubre de 2012

El frío del recuerdo


El viento soplaba frío aquella mañana. Los coches se arremolinaban unos detrás de otros al igual que sus pensamientos. Ella, sentada en la parada del bus, se había levantado aturdida por el recuerdo de él. Lo echaba tanto de menos. Sentía frío. Él ya no estaba, se había ido. El ir y venir de los transeúntes la dejaba con una sensación de desamparo que pocas veces había reconocido en ella. Esta vez no era como otras veces, era demasiado fuerte. No podía quitárselo de la cabeza, había sido tan rápido... Los pensamientos de dolor por la pérdida se agolpaban como se agolpan los pasajeros al salir del metro.
De repente, una fuerza salió de su interior, miró al cielo y vio como las palomas se posaban en las ventanas de los edificios colindantes a la calle.¡Eran tan libres y parecían tan tranquilas! Se quedo largo tiempo observándolas, hasta que el autobús llegó. Decidida a cambiar de actitud se montó en él. El autocar sorteaba los coches haciéndose hueco por la carretera. Un sonido la sacó de sus pensamientos. El móvil se había encendido y la luz  que notificaba la llegada de un nuevo mensaje la hizo presagiar lo que vendría después. Tomó la decisión de no abrirlo, sabía que era él. No estaba preparada.
Volvieron los fantasmas con el mensaje.
Pasó el día triste, melancólica. Se prometió a sí misma que hasta que no llegase a casa no abriría el mensaje que él le había mandado.
Abrió la puerta y se acurrucó en el sofá dispuesta  a leer el mensaje que dictaba lo siguiente:
"Hola, se que probablemente no quieras verme, pero no quiero que esto acabe. Quiero que todo vuelva a ser como antes. Quiero perderme en ti. Quiero  volver. Te quiero"
Los últimos rayos de sol abandonaban el salón al mismo tiempo que una lágrima de felicidad brotaba de sus ojos. Había vuelto. Un calor comenzó a apoderarse de su cuerpo. Ya no había más frío.

Lluvia de sangre (Página automática)

La bombilla de la habitación tiritaba. En el fondo de ella se podía entrever el vuelo de la cortina que se movía de un lado a otro mecida por el viento que soplaba del exterior. La madera del suelo crujía. El resonar de gotas de lluvia hacía que la habitación se estremeciese.
La luz se apagó. Silencio.
Las gotas continuaban cayendo cada vez más y más fuerte. La cortina elevaba su vuelo hasta chocar con el techo. En el cristal de la puerta se comenzaba a vislumbrar una silueta de dos personas, caminaban en silencio.La quietud del local sólo era rota por la lluvia del exterior junto con las goteras que nacían del techo expulsando con solemnidad los restos de agua que se habían colado por el tejado. El suelo estaba encharcado, los pasos sonaban vacilantes, como con temor a lo que hubiese dentro de la habitación. De repente los pasos se pararon y un profundo silencio inundó la estancia. Una mano se acercaba al pomo de la puerta, primero titubeando, después cogiéndolo con firmeza. El pomo gira y el crujir de la puerta hace estremecer a los visitantes. La respiración comienza a acelerarse.Un olor a amoniaco se desprendía de la habitación y empapaba las fosas nasales de los invitados. Uno de ellos levanta la vista para observar el interior del cuarto, el relampagueo de la bombilla le permitió ver una bañera. Se da la vuelta, mira a su compañero y le dice:
-Aquí está.
El suelo parecía rojizo. Poco a poco, calculando cada paso, se acerca a la bañera e introduce su mano. Estaba llena. No era agua, era más espeso...era sangre...

miércoles, 3 de octubre de 2012

El dólar del sexo (Cartas Oh)

El miedo le atormentaba en la silenciosa habitación.
Fajos de billetes volaban como plumas arrastrándose de un lado a otro para después dejarse caer sobre el frío suelo. Ya no estaba. Podía sentirlo. Se había ido.
Las pasos de ella aún resonaban en su mente, mientras, tranquilos, sin paso vacilante, se dirigían a abandonar el edificio. Cada crujir en el suelo resonaba en su mente y en su corazón resquebrajándolos. Decidió que no volvería a contratarla más. Mientras él le estaba entregando todo su amor, ella se limitaba a tenderle la mano sólo para coger su dinero. La amaba, la amaba tanto...
Silencio. Los tacones dejaron de sonar y el miedo volvió de nuevo a ocupar su mente. Ahora se encontraba solo, abandonado  con lágrimas en los ojos, sentado de rodillas en el tálamo deshecho, tras haber degustado los delirios del sexo con la mujer a la que amaba.
Se secó las lágrimas, sacó fuerzas de lo más profundo de su ser y se marchó en busca de poder conseguir algún retazo de ella, algo suyo, ¡lo que daría por algo suyo!.
Al salir a la calle, pequeñas gotas de agua comenzaban a caer sobre su rostro confundiéndose con las últimas lágrimas que aún bañaban sus ojos. Hacía frío. Dobló la esquina y un niño se le acercó con un billete en la mano.
- Me lo ha dado esa señora para ti - Dijo con voz inocente- Toma.
Miró hacia donde estaba señalando el niño y allí estaba ella, sonriendo de forma pícara. No pasaron ni dos segundos y se dio la vuelta para desaparecer entre la multitud de la gente.
Él, aturdido por la situación, se dispuso a mirar con rápidez el billete, habñia una dirección y un número de teléfono, dio la vuelta al billete y emborronado por las gotas de lluvia pudo leer:
"Yo también"